Iciar Dufraix Tapia: «Ser docente encarna un deseo revolucionario»

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Psicóloga

Iquique

Nuestra Universidad no sólo se encuentra situada en un contexto colmado de oportunidades, a propósito de su alta heterogeneidad sociocultural, sino también, acoge a estudiantes que, debido a su condición de origen, presentan un capital social/participativo potentísimo para promover la transformación social, aunque lamentablemente no lo hemos apreciado. En efecto, sin deseo revolucionario, no hay práctica revolucionaria, y si lo que perseguimos es mejorar la calidad de los procesos formativos, resulta perentorio incorporar en las aulas aquello que traen implícito: el deseo revolucionario, condición esencial para la transformación cualitativa de la educación”.

Sin duda, el ímpetu de estas palabras refleja a cabalidad la convicción de esta iquiqueña y psicóloga de la Universidad Arturo Prat. Diplomada en Políticas Educativas y en Gestión Académica, y Magíster en Psicología Educativa y en Liderazgo Pedagógico, esta joven profesional se encuentra próxima a concluir su tesis doctoral en el programa titulado Investigación Transdisciplinar en Educación de la Universidad de Valladolid, España, hito de su trayectoria académica que emprende gracias a CONICYT Becas Chile Doctorado en el Extranjero.

La experiencia adquirida como docente en aulas escolares y universitarias le ha otorgado la certeza que la educación y la acción pedagógica permiten revertir situaciones de injusticia y desigualdad social. Y es en este marco que Iciar realiza su investigación doctoral denominada «La formación inicial docente y la cuestión regional tarapaqueña: propuesta pedagógica para una práctica con sentido y proyección social», que ha levantado información sobre la importancia de situar los procesos formativos de los estudiantes, y de lo perentorio que resulta integrar sus trayectorias históricas/biográficas en el aula.

Esta investigación emerge como protesta y contrapropuesta a una tradición de formación docente que, además de centralizada, ha invisibilizado las trayectorias históricas de nuestros futuros profesores y profesoras. En consecuencia, se ha elaborado una propuesta pedagógica que incorpora las particularidades regionales como elementos esenciales de la reflexión pedagógica y que reconoce, valora y legitima las biografías de nuestros estudiantes”.

 

En lo que respecta la formación docente, ¿qué elementos deben potenciarse para que un profesor sea capaz de concretar en sus estudiantes aprendizajes significativos que respondan a su contexto territorial, cultural y educativo?

«Se debe contar, en primer lugar, con formadores que comprendan la cuestión regional, en tanto fenómenos históricos y/o contemporáneos. Los procesos de formación no pueden estar desvinculados de las problemáticas regionales, siendo responsabilidad del profesorado dinamizar el currículum y poner en diálogo los contenidos de sus asignaturas con los elementos políticos, económicos, culturales y educativos del acontecer local. El desafío para los y las docentes radicaría entonces en situar sus experiencias formativas.

En segundo lugar, es esencial visibilizar, reconocer y validar las trayectorias históricas/biográficas de los/as estudiantes a fin de poner en coherencia sus capitales culturales/sociales/participativos con el proceso formativo. Los/as docentes deben sintonizar las biografías del estudiantado -en tanto dispositivo pedagógico- con los contenidos de sus asignaturas, legitimando aquellos saberes adquiridos en contextos informales.

En tercer lugar, es necesario que el profesorado esté dispuesto a replantearse lo realizado hasta ahora, deconstruyendo sus concepciones respecto a la docencia, la enseñanza y el aprendizaje. En ese sentido, concretar una formación y práctica pedagógica que responda al contexto territorial, cultural y educativo, y que integre las biografías de los estudiantes, exige la transformación de los distintos elementos del currículo, por lo que necesariamente debe existir la convicción y voluntad del docente.

Y por último, pero no menos importante, la autoridad educativa debe atreverse a interpelar los modelos de formación inicial docente que responden a un evidente esfuerzo centralista por homogeneizar al profesional de la educación, para avanzar hacia procesos formativos atingentes al territorio, que promuevan, reconozcan y validen el pensamiento fronterizo y su consecuente producción de conocimiento situado.

CONCLUSIONES

La profesional afirma que «Nuestros futuros y actuales estudiantes de pedagogía cuentan con un capital biográfico/social/participativo potentísimo y facilitador para cualquier propuesta pedagógica que implique la incorporación de elementos sociales. Sensibles a su entorno sociocultural y con manifiestas intenciones pedagógicas sociocomunitarias, deciden estudiar pedagogía asumiendo éticamente el rol sociopolítico y transformador del ejercicio de la docencia. En efecto, y para ofrecer procesos de formación que incorporen el perfil del estudiante y la cuestión regional tarapaqueña, las Universidades de la región deben replantear sus concepciones respecto al alumnado y la realidad local«.

Agrega que en ese sentido, apremia empezar a visualizar la potencialidad existente en la procedencia de origen del alumnado, en tanto cercanía con lo popular, lo marginal y lo subalterno, para ofrecer procesos de formación que permitan vincular el quehacer profesional con las necesidades del entorno. «Sumidos en una lógica que encasilla al estudiante vía déficit, hemos obviado la oportunidad que ofrece el tejido conectivo que presentan con las clases desfavorecidas para generar una agenda docente, investigadora y de extensión de tipo solidaria y contrahegemónica».

Asimismo, la sicóloga recalca que » no hemos aprovechado la alta heterogeneidad sociocultural que presenta nuestra región para propiciar una gestión universitaria atingente al contexto latinoamericano, las particularidades regionales y los entornos locales, y para constituirnos, desde la academia, como referentes de inclusión y promoción de diálogos interepistémicos».

Afirmó finalmente que «En suma, sin duda empezaremos a apreciar mejoras en la calidad de los procesos formativos cuando seamos capaces de valorar el perfil de nuestra comunidad estudiantil y de integrar en nuestra reflexión y acción pedagógica las particularidades de nuestra región«.

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