El talento no tiene género, las oportunidades tampoco deberían

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En Tarapacá, las mujeres representan la fuerza de trabajo más silenciosa y, al mismo tiempo, más potente. Sin embargo, esa fuerza sigue enfrentando desigualdades que limitan su desarrollo pleno en el mundo laboral. Según datos del Observatorio Laboral de Tarapacá, elaborados a partir de la Encuesta Nacional de Empleo del INE, la participación femenina en la fuerza de trabajo regional entre 2010 y 2025 promedió un 53,7%, mientras los hombres alcanzaron un 75,3%. A ello se suma, además, tanto la brecha que existe en el trabajo informal como la existente a nivel de ingresos, que de acuerdo con la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE (2023), las mujeres perciben en promedio un 26,2% menos que los hombres en nuestra región.

Estas cifras no son frías estadísticas, son historias de vida, sueños postergados y familias enteras que enfrentan desigualdades estructurales. A las brechas salariales se suman la segregación ocupacional y la carga del trabajo de cuidados, que recae desproporcionadamente en las mujeres. Muchas profesionales egresadas se ven obligadas a emprender para compatibilizar su desarrollo con la responsabilidad de cuidar hijas, hijos, padres o nietos. Ese círculo limita no solo su empleabilidad, sino también el desarrollo regional que tanto necesitamos.

En este contexto, la educación superior ha sido una llave que abre puertas históricas. Hoy, según el Ministerio de Educación, ingresan más mujeres que hombres a las universidades, incluidas nuestras aulas en la Universidad Arturo Prat. Sin embargo, la mayoría lo hace en carreras “feminizadas”, vinculadas al cuidado y la educación, que tienden a estar entre las menos remuneradas. Esta elección no es casualidad, sino que responde a una tradición formativa que ha perpetuado roles de género.

Como universidad estatal e inclusiva, la UNAP ha asumido este desafío como misión estratégica. Nuestro compromiso no es solo entregar formación académica de calidad, sino también aportar a una transformación cultural y laboral con perspectiva de equidad. Este año ingresaron a nuestra Institución 6.142 mujeres que representan el 62.8% de la matrícula, sin duda un aliciente para continuar trabajando por disminuir las brechas de género.

En los últimos años, hemos concentrado nuestros esfuerzos en impulsar nuestra propia Política de Igualdad de Género y bajo su alero, en consonancia con la Ley 21.369 y el criterio 7 de la CNA, han surgido diversos proyectos orientados a que el espacio académico incorpore y promueva la investigación con perspectiva de género. Este enfoque también se ha extendido a algunas de las actividades curriculares, enriqueciendo la formación del estudiantado y aportando a su desarrollo como futuras y futuros profesionales. Porqué sabemos que no basta con entregar solo competencias técnicas, sino que es fundamental formar agentes de cambio, capaces de derribar barreras, liderar con mirada inclusiva y abrir camino en espacios donde la presencia femenina ha sido segregada, como la minería y la tecnología.

El futuro de Tarapacá no puede escribirse con la mitad de su talento en silencio. Necesitamos a todas y todos para construir una región más equitativa, innovadora y solidaria. Porque educar con equidad es educar para la libertad, ya que cada mujer que derriba una barrera laboral no solo abre un espacio para sí misma, sino que abre el camino de quienes vendrán. Este es el tiempo de avanzar hacia una sociedad que no deje a nadie atrás.

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