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“La UNAP me enseñó que educar también es acompañar”: 32 años formando personas

Adriana Picas Morgado, académica CDV Santiago

Desde 1994, la académica Adriana Picas Morgado ha acompañado a generaciones de estudiantes en Santiago. Su trayectoria refleja cómo la cercanía, el apoyo en momentos difíciles y los vínculos que perduran pueden convertir el paso por la Universidad Arturo Prat (UNAP) en una relación que continúa después de la titulación.

Cuando recuerda sus primeros años en la UNAP, vuelve a una época en que el Centro Docente y de Vinculación (CDV) Santiago tenía una sola carrera y un equipo pequeño, donde todas las personas se conocían.

“Han pasado 32 años desde que ingresé como docente y, aunque la comunidad ha crecido y cambiado, hay algo que reconozco como parte de su identidad: la cercanía entre las personas y la preocupación por quienes comparten el camino. Ser parte de la comunidad UNAP es formar parte de una familia grande”, resume la académica de la Facultad de Ciencias Empresariales, quien ha dedicado gran parte de su trayectoria a la formación de profesionales.

Su historia comenzó a mediados del primer semestre de 1994, cuando realizó un reemplazo docente en Contador Público-Contador Auditor. En ese entonces, las clases se impartían en la Casa de Huéspedes del Colegio de Contadores, ubicada en calle Dieciocho, en Santiago.

En 2006 asumió la jefatura de esa carrera y, al año siguiente, la de Ingeniería de Ejecución en Control de Gestión, actualmente Ingeniería en Control de Gestión. Desde 2021 se desempeña como jefa de Docencia del CDV Santiago, función que mantiene junto con la jefatura de esta última carrera.

“Más allá de los cargos, en mi mente y corazón están marcadas las relaciones que he construido con colegas y estudiantes, y la convicción de que una universidad se construye tanto desde la formación académica como desde la manera en que sus integrantes se acompañan”.

Una comunidad que trasciende la distancia

En sus primeros años, la comunicación con colegas de Iquique era parte de su rutina, aunque todavía no se conocieran personalmente. Conversaban casi a diario y, después de dos o tres años, algunos pudieron encontrarse cara a cara.

Picas recuerda con especial cariño la experiencia de “ponerle rostro a una voz que durante mucho tiempo había formado parte de la vida cotidiana, imaginar cómo sería la otra persona y descubrir, al conocerla presencialmente, que podía ser tal como la había imaginado o completamente diferente. Esa es la magia de la comunidad UNAP”.

Para ella, el sentido de pertenencia se construye cuando las personas comprenden que su trabajo importa, reconocen que necesitan de otras para cumplir sus responsabilidades y encuentran un lugar dentro de un proyecto compartido.

Ese vínculo también se manifiesta fuera del ámbito laboral. “He recibido respaldo de mis jefaturas y colegas durante situaciones personales y familiares difíciles. Ese apoyo me permitió sentirme acompañada y seguir adelante”.

Su experiencia refleja una dimensión de la identidad institucional que va más allá de compartir un espacio de trabajo: se sostiene en relaciones de confianza, colaboración y cuidado que perduran en el tiempo.

ACOMPAÑAR PARA DESCUBRIR CAPACIDADES

Durante estas tres décadas, Picas ha conocido a numerosas generaciones de estudiantes, principalmente de programas de continuidad de estudios. En sus trayectorias reconoce la perseverancia, el respeto y la capacidad de asumir nuevos desafíos, incluso después de años alejados de las aulas.

“Volver a estudiar supone, muchas veces, compatibilizar las exigencias académicas con el trabajo y la vida familiar. También significa enfrentar dudas e inseguridades: preguntarse si será posible aprobar una asignatura, organizar los tiempos o alcanzar finalmente el título profesional”.

En esos momentos, sostiene, el acompañamiento docente y de las jefaturas de carrera resulta fundamental. “Estamos para motivar y hacerles sentir de lo que realmente son capaces”, explica, al recordar las conversaciones en que le ha correspondido orientar a estudiantes frente a dificultades personales y vocacionales.

Desde su perspectiva, la formación universitaria no consiste únicamente en transmitir conocimientos técnicos. También implica desarrollar competencias, cultivar valores y preparar a las personas para desenvolverse en distintos ámbitos de la vida.

Por eso, el vínculo con quienes estudian se construye tanto en la sala de clases como en los espacios de conversación, la disposición para escuchar y la búsqueda de soluciones ante las dificultades. Son experiencias que pueden marcar la manera en que cada persona recuerda su paso por la Universidad.

UN VÍNCULO QUE CONTINÚA DESPUÉS DE TITULARSE

¿Qué hace que una persona siga sintiéndose parte de su Universidad después de egresar? Para Picas, la respuesta está en el cariño, la cercanía y la disposición de académicas, académicos y funcionarios para acompañar a quienes confían en la institución su formación profesional.

“La posibilidad de conversar con sus docentes, sentirse escuchado y reconocer la calidad de la enseñanza son recuerdos que permanecen. En mi experiencia, esos vínculos también se manifiestan cuando antiguos estudiantes regresan a la UNAP para que otros integrantes de sus familias estudien allí”.

Recuerda el caso de un estudiante adulto que, años después de egresar, llevó a su hijo a estudiar a la institución. También ha visto cómo matrimonios, madres e hijas y hermanos han elegido sucesivamente la misma casa de estudios.

“Estas decisiones reflejan una relación que va más allá de obtener un título: hablan de confianza en la formación recibida y de una experiencia universitaria que deja una huella en la vida personal y familiar”.

En esa continuidad se encuentra uno de los sentidos de la comunidad Alumni: mantener el vínculo con las personas tituladas y ofrecerles razones concretas para seguir participando de la vida universitaria.

Picas plantea que esa relación debe proyectarse en ambas direcciones. “No basta con recordar la Universidad o identificarse con ella; también es importante que la institución continúe aportando conocimientos, actualización y nuevas competencias a quienes ya se titularon”. Para ella, la comunidad Alumni debe tener un propósito y una proyección a lo largo de la vida profesional.

Así, la relación con las personas tituladas no termina al finalizar los estudios. La Universidad puede seguir siendo un espacio de aprendizaje, encuentro y desarrollo profesional, mientras las experiencias de sus egresadas y egresados enriquecen a la comunidad.

PERSONAS DETRÁS DE CADA TRAYECTORIA

Entre los recuerdos de sus estudiantes, Picas menciona a Juan Guzmán Bueno, de Contador Público-Contador Auditor. “Lo recuerdo por su responsabilidad, esfuerzo y disposición a colaborar. Actualmente, desarrolla una trayectoria en el mundo empresarial y también se desempeña como docente de las carreras del CDV Santiago”.

De Ingeniería en Control de Gestión recuerda a María Soledad Gálvez, a quien describe como una persona esforzada, respetuosa y dispuesta a apoyar a sus compañeros y compañeras, capaz de transformar las dificultades en desafíos.

Son dos nombres entre muchos otros que conserva en su memoria. Para la académica, ver a sus estudiantes titularse y reconocer cuánto han crecido desde sus primeros pasos en la Universidad es una de las mayores satisfacciones de su trabajo.

“En estos 32 años, la UNAP me ha permitido desarrollarme profesionalmente en un ámbito que no imaginaba, encontré en la docencia una forma de realización personal y, además he recibido apoyo cuando más lo he necesitado a nivel personal”.

A cambio, siente que ha aportado profesionalismo, responsabilidad, búsqueda constante de mejores formas de trabajo y voluntad de construir un ambiente laboral agradable, donde la alegría también tenga espacio en las tareas cotidianas.

“A las nuevas generaciones les recomiendo vivir la Universidad más allá de las obligaciones académicas, conocer a otras personas, compartir realidades distintas y aprender a compatibilizar los estudios con las demás dimensiones de la vida, según sus propias circunstancias”. Su reflexión se extiende al aniversario institucional y a todas las personas que, desde distintas funciones y generaciones, han construido la historia de la Universidad Arturo Prat. “Gracias a cada uno de los  que forman parte de la comunidad universitaria, a académicas, académicos, administrativas, administrativos y estudiantes, porque la UNAP la hemos formado todas y todos”.

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